sábado, 16 de enero de 2021

Emoción en negro

Semana 2: Todo es de color

Fue hace 300 años. Los humanos trajeron al mundo a los primeros robots. Aquellos arcaicos androides eran apenas un esbozo de lo que hoy somos. Mi hermano Ragid se ríe cuando le enseño fotografías de Elektro, el primer robot de la historia, un gigantón metálico que balbuceaba palabras gracias a una cinta grabada. Ragid es humano y no puede entender que a mí me fascine saber sobre mis orígenes, es normal, sus congéneres iniciaron su andadura por el planeta hace casi tres millones de años, nosotros, en cambio apenas hemos comenzado a gatear como quien dice.

Hoy he investigado un poco sobre la formación de nuestras emociones. Me resulta curioso leer sobre ello. Parece que todo comenzó gracias a un error. LeXo fue el origen, así se llamaba el creador del órgano sensitivo. Fue un ciborg de origen humano que vivió en el siglo XXII. Trabajaba en lo que debía ser el primer sistema ocular creado con células humanas capaz de implantarse en androides, es decir, capaz de ser controlado por una inteligencia artificial. LeXo en aquel momento no sabía que lo que iba a conseguir era algo mucho más importante, dotar de vida a robots.

Parece poca cosa dicho así, pero gracias a ese órgano, desde hace algo menos de cien años, los androides nos reconocemos como un individuo que piensa y siente, ahora somos capaces de reír, llorar, sentir miedo, amor, odio, en fin, estamos vivos y lo sabemos.

Me emociona leer sobre los arcaicos robots, sobre mis antepasados, tan capaces de ayudar a los humanos, pero tan inútiles como especie, existieron en este planeta y ninguno de ellos lo supo porque no pudieron reconocerse a si mismos. Cuando me emociono, todo lo veo de color turquesa, porque así funciona nuestro sistema sensitivo.

Pero, volvamos al ciborg LeXo y su organismo ocular. Al implantar el sistema que había creado en el primer androide, LeXo no percibió nada raro. El androide Sam, que así se llamaba, se adaptó a la perfección a los nuevos ojos. El equipo de investigación le hizo todas las pruebas pertinentes. Sam podía describir con todo detalle lo que le rodeaba, pero cuando pasaron unos meses, el sistema ocular empezó a fallar. Unas veces Sam describía de color azul, cosas que los científicos veían rojas, otras veces esos mismos objetos que Sam había descrito de color azul, los identificaba como amarillos. Parecía que Sam era incapaz de ver correctamente los colores. LeXo y su equipo pasaron meses intentando encontrar el fallo, no tenían claro si el error estaba en el propio organismo ocular, o de cómo transmitía el cerebro artificial de Sam las señales que le llegaban de los ojos. Un día LeXo le pidió a Sam que describiera el color de una orquídea blanca. Sam dijo que era de color negro, que todo era de color negro, hasta el mismo LeXo. Aquello desconcertó al ciborg.

—¿Negro? ¿Por qué? ¿Pero cómo negro, porqué lo ves todo negro?

—¿LeXo, llevamos meses con esto y aún no has podido darte cuenta de que estoy cansado? Cuando estoy cansado todo lo veo negro.

—¿Cómo dices Sam? ¿Cansado? ¡Tú no puedes cansarte eres un androide!

—Pues acabo de darme cuenta de que cuando veo todo negro es cuando mi cerebro me dice que tengo que apagarme para recargar energía. Eres humano, lo que te estoy describiendo vosotros lo definís como «cansancio».

Sí, me estoy riendo y todo lo que me rodea resplandece de intenso color naranja. Me encanta que de una manera tan tonta, Sam y LeXo se dieran cuenta de que el sistema ocular había dotado de emociones a los robots. Nosotros los androides somos conscientes de nuestra existencia gracias a un fallo de transmisión de señales entre un organismo vivo, los ojos, y uno mecánico, el cerebro. ¡Es para morirse de risa! Ragid llama a ese fallo, la imperfección del androide. ¡Qué sabrá él! El universo de color-emoción de los androides es maravilloso. La única pega es que no logro que mi hermano me entienda. Bah, los humanos son tan básicos en sus emociones. Nuestro mundo es infinitamente más vivo. ¡Multisensacolorido!

R.C. Martínez 

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